La intervención policial se da semanas después de la masacre que se llevó a cabo en Alemao y Penha y que dejó al menos 120 personas fallecidos. La banda de crimen organizado controla varios barrios populares de la zona. Autoridades aseguran que ocho delincuentes fueron detenidos.
Río de Janeiro volvió a ser escenario de un fuerte despliegue policial este miércoles, en el marco de una nueva fase de la Operación Contención, considerada la más letal en la historia del país. Como saldo, dos personas murieron y ocho fueron detenidas.
La primera sangrienta intervención contra el Comando Vermelho, realizada a fines de octubre en las localidades de Alemao y Penha, dejó 121 muertos, entre ellos cuatro policías. A fines de combatir a esta peligrosa organización criminal, continúan los violentos operativos.
“La operación demuestra el combate al Comando Vermelho, que aprovecha su expansión territorial para ejecutar todo tipo de crímenes”, señaló en un comunicado el secretario de Policía Civil, Felipe Curi.
En la madrugada, fuerzas policiales ingresaron a Vila Kennedy, un barrio del oeste carioca, con el objetivo de desarticular una banda dedicada al robo de autos.
Hasta el momento, la Policía Civil informó que ocho sospechosos fueron detenidos y otros dos resultaron abatidos durante los enfrentamientos. Horas antes, la Policía Militar había reportado que cuatro presuntos criminales habían sido heridos de bala, aunque sin precisar su estado de salud.
En el operativo se incautaron dos fusiles, dos granadas, una pistola y una importante cantidad de drogas ocultas en una institución educativa utilizada por los delincuentes.
Las claves del enfrentamiento en Río de Janeiro
La acción, dirigida contra células del Comando Vermelho (Comando Rojo), incluyó enfrentamientos en múltiples favelas y el despliegue de vehículos blindados. Sin embargo, según Rocha, “no hubo motivos claros para realizar los operativos en esos barrios” y advirtió que “fue una operación desastrosa del gobierno de Río de Janeiro”.
“Operativos como este nunca traen éxitos. No es exitoso tener esta cantidad de muertos, que todavía no se saben quiénes son. Ya pasó en varias oportunidades que decían que habían matado a narcos y cuando los fuimos a ver eran civiles”, agregó el periodista.
La magnitud del operativo generó un éxodo temprano de trabajadores y un clima de temor generalizado. “La población tiene miedo de salir a las calles. Las personas salieron más temprano de sus trabajos y volvieron a sus casas porque no se sabe qué puede pasar en las próximas horas y días”, relató Rocha.
El operativo reavivó el conflicto político entre Cláudio Castro y el presidente Luiz Inácio Lula da Silva. El gobernador de Río, alineado con el Partido Liberal (PL) y cercano al bolsonarismo, acusó al gobierno federal de “negar apoyo” frente al avance del crimen organizado. “Río está solo”, declaró Castro tras los enfrentamientos.
Desde Brasilia, la respuesta fue inmediata. Fuentes del Ministerio de Justicia desmintieron al gobernador y aclararon que nunca se solicitó asistencia federal para el operativo del martes. También recordaron que, en ocasiones previas, Castro recibió respaldo logístico y operativo cuando lo pidió formalmente, incluyendo el traslado de presos a cárceles federales y apoyo aéreo.
Para Rocha, el trasfondo del operativo va más allá del crimen organizado. “Este operativo puede explotar una ola de violencia que no estábamos viviendo. Río no tenía una situación pacífica, pero tampoco un escenario de conflicto como el que podemos llegar a ver en los próximos días”, advirtió.
El periodista también cuestionó la falta de estrategia a largo plazo: “Es necesario que enfrentemos el crimen organizado, pero con otras formas. Es inexplicable que un dron sea utilizado para atacar a la policía. ¿Cómo llegó esa tecnología a los grupos criminales? El problema es anterior a estos operativos, pero la respuesta no es la más correcta”.
