Un relato documental sobre un caso judicial extraordinario ocurrido en la ciudad de Corrientes en 1786, que involucró a la justicia inquisitorial y culminó con un acto público en la plaza Mayor.
Según registros históricos, en el año 1786, la ciudad de Corrientes fue escenario de un singular proceso judicial impulsado por un tribunal de carácter inquisitorial. El caso se centró en una joven mestiza llamada Petronila, acusada de prácticas de hechicería.
Ante la inminencia de una detención, el padre de la joven, miembro de una familia de prestigio local, habría intervenido para facilitar su huida de la ciudad. La narrativa histórica señala que, con sigilo, la condujo hasta el río Paraná, cerca de la desembocadura del arroyo Arazá, en la zona conocida como Poncho Verde. Desde allí, cruzó el río con ayuda de una embarcación y fue recibida por comunidades indígenas aliadas, que la trasladaron hacia la región de las Misiones.
Dos días después, los miembros del tribunal se presentaron en el domicilio de Petronila, ubicado en lo que hoy es la calle Quintana casi Córdoba, al norte de la ciudad. Al no encontrarla, procedieron a interrogar a su padre y vecinos, sin obtener información sobre su paradero.
El caso tomó entonces un giro inusual. Para no quedar en evidencia, las autoridades decidieron procesar a la madre de Petronila, Hortensia, quien ya había fallecido. Exhumaron sus restos del cementerio y, tras un proceso formal, la condenaron póstumamente por brujería.
La sentencia se ejecutó en un acto público en la plaza Mayor, actual plaza 25 de Mayo. Se construyó una efigie de paja y palos que representaba a la fallecida, se leyó la condena y se procedió a la quema simbólica de la figura y el ataúd, en lo que constituyó un auto de fe. El evento congregó a vecinos obligados y curiosos, bajo la organización de cofradías religiosas.
Este episodio, documentado en archivos históricos, refleja las prácticas judiciales y el clima social de la época en la provincia de Corrientes.
