De San Isidro a Los Ángeles: el compositor argentino de 27 años que se abre camino en Hollywood

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Nicolás Urricelqui ya estuvo involucrado en producciones internacionales para Netflix y Apple TV+; ahora trabaja en un thriller nacional

Una orquesta. Una partitura. Una batuta. Meses previos de arduo trabajo condensados en apenas 30 minutos. Nada puede salir mal. Desde el podio, Nicolás Urricelqui se enfrenta a una de las pruebas más exigentes como compositor de cine. Ante él, un grupo de músicos ejecuta Poseidón, una pieza que escribió imaginando un encuentro entre Odiseo y el dios griego en medio del mar. La escena es un ensayo de grabación profesional en una de las instituciones de música más prestigiosas del mundo. Solo 12 de los 300 alumnos del departamento de Film Scoring tienen la posibilidad de acceder a esa clase. En ese instante, todo depende de él.

“Si vos me hubieses dicho hace seis años que yo estaría grabando con una orquesta, no te lo habría creído”, dice Nicolás, que acaba de instalarse en Los Ángeles para continuar construyendo su carrera como compositor de bandas sonoras. “Esa fue la primera vez que tuve una orquesta entera tocando algo que yo había compuesto”, recuerda sobre esa exitosa sesión que dirigió a principios de este año. “Sonó igual a como lo imaginaba. La sensación posterior a eso fue de alivio tras mucho esfuerzo y trabajo”, rememora.

Formado y graduado con honores en Berklee College of Music -la universidad de la que también egresó Ramin Djawadi, el compositor de la icónica música de Game Of Thrones-, el joven de 27 años ya colaboró en el departamento de música de producciones para Netflix, HBO, Movistar Plus+ y Apple TV+. Ahora trabaja desde la meca del cine en nuevos proyectos, entre ellos un videojuego y un thriller político argentino que se encuentra en preproducción.

El fino arte de la música para escenas

Una de las experiencias destacadas de su carrera fue su colaboración con el equipo del compositor español Lucas Vidal (Rápidos y Furiosos 6), uno de sus mentores y ganador de dos premios Goya y un Emmy, durante varios meses en Madrid. Allí se involucró especialmente en la edición musical de la serie española El Inmortal (2022-2026), un rol invisible para el espectador pero que resulta fundamental en la relación entre el realizador y el compositor y entre la escena y la banda sonora. Esa tarea implica un proceso vivo y complejo. Un episodio puede tener escenas para las que ya existe música compuesta, pero el montaje puede cambiar: se corta un plano, se modifica la duración de una secuencia o cambia el ritmo de una escena.

“Podés tener una composición escrita para una imagen. Al otro día te despertás y cambiaron siete cortes del capítulo entero y los siete momentos musicales trabajados no funcionan de la misma manera. Es un tema desafiante y lo viví muy fuerte con Lucas. Entonces arreglás esos pequeños problemas que son constantes”, explica Nicolás.

Su labor junto a Vidal trascendió la edición. Para Las Azules (2024-2026), la serie mexicana con música compuesta por Vidal que fue premiada por los Hollywood Music in Media Awards, Nicolás viajó a Austria para participar en la orquestación y preparación de las partituras que luego serían grabadas por una orquesta en el Vienna Synchron Stage, uno de los estudios especializados en música cinematográfica más reconocidos del planeta. Allí, donde se registró también la música de producciones como The Crown, Ad Astra y Daredevil: Born Again, Nicolás también colaboró en las sesiones de grabación de la banda sonora de la serie.

Como asistente de Vidal, también trabajó para hacer más eficiente su proceso de composición. Para la música de Aquel, una nueva serie sobre el cantante y actor español Raphael que se estrenará próximamente en Netflix, participó en la implementación de un sistema que permitía proyectar en pantallas en tiempo real la partitura que Vidal iba escribiendo mientras componía junto a los músicos.

De los beats en la PC a dirigir una orquesta

El camino musical de Nicolás comenzó en la adolescencia. En su familia no había músicos profesionales, pero en esa casa sabían que aquello no sería un hobby pasajero. De chico tomó clases de guitarra y más tarde de piano, cuyo estudio profundizó con Daniel Elía, discípulo de Vincenzo Scaramuzza, uno de los grandes maestros en la tradición pianística argentina y también maestro de Martha Argerich.

A los 13 años, Nicolás se obsesionó con los beats electrónicos. Empezó a producir sus propios temas en la computadora y años después lanzó su proyecto artístico MUNSE, bajo el cual colaboró con sellos internacionales y recibió el respaldo de artistas destacados de la escena como Anyma, de Tale Of Us.

Pero tal vez su afinidad con la música cinematográfica comenzó mucho antes. Su recuerdo más nítido es el CD de la banda sonora de Gladiador, compuesta por Hans Zimmer, y que pertenecía a su madre. “Esa música me vuela la cabeza. Creo que ahí lo escuché por primera vez”, expresa.

Sin embargo, al terminar sus cursos secundarios, Nicolás no sentía que una carrera musical en su país podría aportar algo más a sus proyectos artísticos. Entonces se inscribió en Administración de Empresas en la Universidad de Di Tella con el deseo de regresar a su casa a componer después de cada clase. Mientras seguía produciendo tracks electrónicos, algo en sus canciones comenzó a cambiar. Cada vez más sumido en la música clásica y el estudio de piano y orquestación, notó que su sonido estaba evolucionando de forma natural hacia atmósferas y texturas cinematográficas.

“Mi música sola empezó a irse a un sonido similar al de las películas. En la mitad de mis tracks había esos momentos en los que no tenías ritmo, bombo ni bajo y quedaba el resto, las cuerdas. Me parece interesante ese crossover entre géneros”, reflexiona Nicolás. En ese entonces, sin proponérselo, ya empezaba a componer música para imágenes que todavía no existían.

Un camino en el cine

Un mes después de terminar la facultad, descubrió Berklee y aplicó. En 2022 se mudó a Boston para estudiar composición para cine y medios interactivos, pero nunca lo vivió como una apuesta arriesgada: “No lo dudé un segundo. Estaba loco por entender miles de inquietudes musicales y de poder hacer música de películas”, recuerda hoy.

En 2025, durante su último año en esa institución, recibió la Beca Conmemorativa Georges Delerue, uno de los máximos galardones que otorga el Departamento de Composición para Cine en honor al multipremiado compositor francés. El premio distingue a alumnos cuyo trabajo demuestran un talento excepcional y un potencial para desarrollar la composición audiovisual. “Eso me hizo creer muchísimo en lo que hago y en mis habilidades. Fue un boost de confianza y reconocimiento necesario. Me impulsó un montón. Fue realmente inspirador”, valora.

Para llegar hasta la grabación con la orquesta, Nicolás tuvo que aprender también a dirigir. Como parte de su formación, todos los alumnos de Berklee deben tomar clases básicas de conducción orquestal. Pero él decidió profundizar en esa disciplina tras entablar un vínculo cercano con uno de sus profesores, que había estudiado con grandes directores. Tomó clases particulares con él y durante un semestre trabajó especialmente en la conducción de orquesta. Todo ese esfuerzo tenía un objetivo concreto: conseguir un lugar en aquella clase y estar preparado cuando llegara el momento.

Antes de escribir una nota -explica Nicolás-, hay que comprender lo que necesita la historia y hacer una investigación ineludible. “No es inteligente tirar notas sobre la imagen así con nada”, remarca. Pensar y construir los motivos, melodías y armonías, definir la emoción que se quiere transmitir, determinar qué instrumentos pueden expresarlo e identificar los momentos esenciales del film: una escena de acción, un romance, un beso, el climax y el final.

“Tenés que construir un mundo sonoro único y especial para esa película”, sostiene Nicolás, mientras elogia las memorables bandas sonoras de Ennio Morricone (Cinema Paradiso), James Newton Howard (Los Juegos del Hambre) y de Ludwig Goransson (La Odisea). Ese paisaje sonoro puede estar hecho de instrumentos acústicos, texturas ambientales intercaladas con ingenio y sintetizadores que permiten expandir el horizonte de los sonidos conocidos. En busca de esa música inédita y original, Nicolás trabaja con un synthe semimodular libre de sonidos preconfigurados: cada combinación de perillas, cables y condiciones de uso puede originar algo diferente.

Desde la meca

A pesar de semejante recorrido, Los Ángeles conserva aún algo de irreal para él. En esta ciudad californiana instaló un estudio junto a dos socios y amigos de Berklee. Desde allí Nicolás trabaja en la música de El Fotógrafo, un thriller político argentino ambientado en la noche electrónica porteña y que se encuentra en preproducción. El largometraje, dirigido por Ramiro Biera, tendrá como protagonista a Tatu Glikman, conocida por sus trabajos en En el Barro -spin off de El Marginal-, Amor Animal y Entrelazados. El joven compositor busca involucrarse en más películas argentinas y en producciones de cine en Los Ángeles. “Películas que impacten, de directores únicos con una mirada interesante”, se entusiasma.

“Salvo excepciones, no existe el cine sin música”, sostiene el joven compositor. “El valor que trae la música a la película y a lo que siente la persona que está mirando no se puede ni cuantificar. Cuando me llegan esas imágenes, sin ese sonido trabajado, siento que le falta algo, tensión, emoción, como que algo no se entiende. La música hace una diferencia abismal”.

Uno de sus primeros profesores sentenció en una clase que cuando se hacen bandas sonoras “no se trata de tu música en lo absoluto, se trata de la película”. Quizá ahí esté también una de las mayores virtudes del compositor de cine: lograr que la música de un film parezca inevitable, o, mejor dicho, anular la posibilidad de que ese film exista sin ella: que una melodía quede asociada para siempre en la memoria del espectador a un rostro, una línea de diálogo o una escena.

“De tantas veces en las que recibí una escena vacía y logré contar una historia con la música, y después se la mostré a mi familia, a mis amigos y a gente que no está metida en el rubro y vi que se emocionaban, tomé total certeza de lo que genera la música”, concluye Nicolás.

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