El Tribunal Superior Electoral de Brasil prohíbe actos proselitistas durante la votación, permitiendo solo manifestaciones silenciosas. La diversidad religiosa del país, con un crecimiento evangélico desde los años 80, influye en el escenario electoral.
Este domingo se celebra la primera vuelta de la elección presidencial en Brasil. Durante la votación, los actos proselitistas están prohibidos, según determina el Tribunal Superior Electoral (TSE). Los electores solo pueden manifestar su preferencia de manera «silenciosa», lo que implica la prohibición de banderas o pancartas en el espacio de votación. Sin embargo, se permite el uso de remeras con el rostro del candidato, el nombre del partido o de la iglesia, así como vestimentas de religiones afrobrasileñas o la imagen de Nuestra Señora Aparecida.
Según datos oficiales, Brasil tiene al menos seis grandes grupos religiosos: católicos, evangélicos (el de mayor crecimiento), espiritistas, umbanda y candomblé, religiosidades de tradición indígena y personas sin religión. Dentro del grupo evangélico existen cientos de subgrupos. La diversidad religiosa es parte de las raíces del país y se manifiesta en eventos como los evangélicos o el Reveillón, que atrae multitudes para homenajear a Iemanjá, una de las divinidades de las religiones africanas.
La fecha de San Jorge (23 de abril) es feriado en Río de Janeiro y multitudes se visten de rojo para celebrarlo en iglesias católicas y en religiones afrobrasileñas, sin distinción de credo. El escritor bahiano Jorge Amado retrató el sincretismo religioso brasileño, una armonización del catolicismo y las religiones de matriz africana que proviene de la época colonial.
¿Por qué crecieron tanto, a partir de los años 1980, las iglesias evangélicas pentecostales y neopentecostales? En el final de la campaña electoral, Nuestra Señora Aparecida, patrona de Brasil, pasó a ser vinculada al PT y a Lula da Silva. Según historiadores, su imagen fue rechazada en el siglo XVII y sin cabeza tirada a un río. Salió negra y pasó a representar el mestizaje del pueblo brasileño.
El avance de la iglesia evangélica
Brasil, con más de 213 millones de habitantes y 158 millones de electores, tuvo una mayoría declarada católica hasta los años 1980, cuando los evangélicos pentecostales y neopentecostales comenzaron a ganar terreno. En esa época, los pastores brasileños llamaban a sus adversarios Satanás y demonio en sus cultos, fundaban iglesias en otros países de América Latina y atraían multitudes en lugares de moda de Nueva York. Hoy, esa influencia también se refleja en las urnas.
En entrevista con Clarín desde San Pablo, el pastor Ariovaldo Ramos, coordinador del Frente de Evangélicos por el Estado de Derecho, afirmó que hoy hay más iglesias evangélicas en la Región Metropolitana de San Pablo (con casi 22 millones de habitantes) que escuelas o agencias bancarias. Lo mismo se constató en viajes por diferentes puntos de Río de Janeiro y otros estados.
El pastor Ramos explicó que el crecimiento «explosivo» comenzó en las clases más pobres y se expandió con el aumento de fieles y la multiplicación de iglesias. Actualmente, dijo, hay 40 denominaciones de iglesias evangélicas en Brasil, pero miles de otras independientes. «Hoy las iglesias evangélicas son casi el mayor grupo religioso y no para de crecer. Solamente un poco menor que la iglesia católica», declaró.
El especialista explicó que las nuevas iglesias evangélicas, al ser más jóvenes, tienen gente más entusiasmada y aguerrida, que encuentra en los templos apoyo comunitario para enfrentar desafíos como alcoholismo, drogas, problemas de trabajo o violencia familiar. Además, el evangelismo estimula el crecimiento económico y social de sus miembros. «La iglesia evangélica es básicamente una iglesia urbana y acompaña a todo el mundo urbano, sus virtudes y sus defectos», afirmó. Para los evangélicos, el crecimiento económico es visto como una «bendición divina».
El pastor Ramos observó que los evangélicos suelen estar entre los mejores alumnos y aspiran a maestrías y doctorados, con el impulso de la comunidad evangelista. Esa búsqueda de ascensión económica y apoyo comunitario también atrae a sectores de las clases media y alta. La llamada ‘Teología de la Prosperidad’, vinculada a Estados Unidos, su apoyo al capitalismo y rechazo al comunismo, ayuda al senador y candidato Flávio Bolsonaro y su vínculo con el gobierno Trump y Estados Unidos. Sin embargo, esto no es uniforme.
En Brasil, a pesar de la ampliación de escuelas, universidades y hospitales con la mayor presencia del Estado durante los gobiernos del PT de Luiz Inácio Lula da Silva, sectores de los evangélicos votan a Flávio Bolsonaro. «Los más conservadores, dentro del evangelismo, muchas veces prefieren que sus hijos no tengan una mejora económica o social, pero no abren mano de la defensa de los valores morales conservadores. Y cuando se piensa y habla, por ejemplo, de libertades individuales, ellos asocian al PT y a Lula, aunque no sea cierto», dijo Ramos.
Sobre los jóvenes, Ramos declaró: «La mayoría de los jóvenes brasileños (de las zonas periféricas) que llegan a la universidad tuvieron las puertas abiertas por el sistema de cuotas durante el gobierno Lula, pero el joven evangélico asocia, básicamente, la inclusión social a la bendición divina, a su fe y a su Dios».
El apoyo evangélico a Jair Bolsonaro
Cuando Jair Bolsonaro fue electo en 2018 tuvo el apoyo de la amplia mayoría de las iglesias evangélicas. Muchas interpretaron que era un enviado de Dios. Sin embargo, durante la pandemia de Covid, iglesias y familias evangélicas se dividieron. Cuando fue elegido, logró 52% de votos, muchos evangélicos y anti-PT, y ahora se estima que 30% de ellos voten a Flávio Bolsonaro, según el entrevistado. En el Congreso Nacional, la ‘bancada evangélica’ sigue teniendo votos decisivos: alrededor de 211 del total de 513 diputados federales y 26 del total de 81 senadores. Sin embargo, la bancada no es homogénea y tampoco satisface a todos los sectores evangelistas.
¿Ser evangélico, como el candidato y senador Flávio Bolsonaro, implica ser siempre conservador? En Brasil, no siempre. En entrevista con Clarín, el pastor de la Iglesia Asamblea de Dios Esperanza, Cosme Felippsen, de 37 años, nacido y criado en la primera favela de Brasil, el Morro da Providência, en Río de Janeiro, y también guía de turismo, dijo que gran parte de los evangélicos votan como piden sus iglesias, pero que hay un sector importante que no sigue el voto recomendado por sus líderes religiosos. En redes sociales, fieles brasileños cuentan que votan o rechazan la orientación política de sus pastores.
«En verdad, hay un grupo pensante o independiente que quiere seguir su intuición o voluntad de voto», dijo Felippsen. Él cree que el hecho de que Brasil sea una nación diversa y que tenga hoy las iglesias pentecostales y neopentecostales tiene fundamentos. «Ellas tienen una narrativa mucho más próxima de la población de la periferia, favelada, de las grandes metrópolis, ribereña, amazónica. Mientras que en la iglesia protestante histórica, tradicional, el Dios de ellos no baila, pero en nuestra iglesia evangélica pentecostal, nuestro Dios baila, habla con nosotros. Ese lenguaje mucho más cercano al fiel, que tiene sus sufrimientos y angustias, es lo que explica en gran medida ese crecimiento», dijo.
Elector de Lula, el pastor explicó que vota a Lula porque entiende que los programas sociales, como ‘Mi casa, mi vida’, ‘bolsa familia’ y para jóvenes y gente de otras edades. «Tenemos un gobierno que no se declara evangélico y que respeta a todas las religiones. Y al mismo tiempo, el bolsonarismo se dice evangélico, judío, masón, católico, pero es para ganar votos porque no me parece que crean de verdad, en ningún credo», dijo Felippsen.
