La cárcel de Devoto dejará de funcionar como penal y revive la frase «La gloria o Devoto»

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El cierre del penal de Villa Devoto, inaugurado en 1927, remite a una expresión atribuida a Carlos Salvador Bilardo surgida de la final de la Copa Intercontinental de 1969 entre Estudiantes y Milan, que terminó con tres futbolistas detenidos en esa cárcel.

Tras un acuerdo entre las autoridades de la ciudad de Buenos Aires y del gobierno nacional, la cárcel de Devoto será desocupada y dejará de funcionar como presidio. Inaugurada en 1927, en sus casi cien años de historia el penal porteño dejó centenares de anécdotas y también una frase que aún suele escucharse: «La gloria o Devoto».

La expresión indica los dos posibles finales a los que se puede arribar si uno realiza una empresa que puede considerarse riesgosa. La gloria representa el triunfo, mientras que Devoto es sinónimo de la catástrofe más absoluta.

La frase surgió de un partido de fútbol de fines de los años 60 que se transformó en una batalla campal. El autor de esa sentencia fue el doctor Carlos Salvador Bilardo, jugador de Estudiantes de La Plata y protagonista de esa contienda, que finalizó con tres futbolistas detenidos en la misma cárcel de Villa Devoto.

Todo ocurrió el 22 de octubre de 1969. Ese día, en la Bombonera, Estudiantes de La Plata y Milan disputaban el partido revancha de la Copa Intercontinental. Los italianos habían ganado el primer partido en el San Siro por 3 a 0 y los argentinos necesitaban vencer por esa diferencia o más para ser campeones.

En ese momento de la Argentina, la presidencia de facto de Juan Carlos Onganía estaba pasando por un momento de crisis. Según los jugadores de Estudiantes, antes del partido enviados del gobierno entraron al vestuario a advertir a los jugadores que debían «ganar o morir».

«Con un triunfo tapábamos el desorden que tenía el gobierno. Por eso vinieron al vestuario a hablarnos así», declaró a Télam Alberto Poletti, arquero del Pincha en esos tiempos.

El partido se desarrolló con violencia entre los jugadores desde el primer minuto. Las agresiones provinieron especialmente de los de La Plata. Estudiantes se impuso a la visita por 2 a 1 pero no le alcanzó para dar vuelta el resultado global y los italianos se alzaron con la copa.

«La página más negra del fútbol argentino» tituló El Gráfico la crónica de ese partido. Ramón Aguirre Suárez, defensor Pincha, le rompió la nariz de un codazo al rival Néstor Combín, que terminó con el rostro y su remera blanca ensangrentados; Eduardo Luján Manera, también del Pincha, le pegó una piña al centrocampista milanés Gianni Rivera, que terminó el partido con la cabeza abierta; y Poletti intentó agredir a otro adversario, Giovanni Lodetti.

Los tres jugadores del club platense fueron expulsados y terminaron en prisión. Regía en el país un edicto del mismo presidente Onganía para Reuniones Deportivas que permitía enviar a la cárcel por un término de 30 días a los futbolistas que fueran expulsados «por acciones recias o agresiones».

«Perdimos la cabeza. Nos equivocamos», admitiría luego Poletti, que contaría también su destino tras el partido: «Nos alojaron en un pabellón en el entrepiso de la cárcel de Devoto. Estábamos aislados, no podíamos hablar con ningún otro detenido. Había dos celdas y un baño. Éramos presos políticos. Estuvimos un mes ahí por orden presidencial».

Un año antes, cuando Estudiantes había sido campeón intercontinental tras derrotar al Manchester United, el mismo Onganía recibió en Casa Rosada al plantel de Osvaldo Zubeldía con todos los honores.

Además de la sanción de prisión, la AFA expulsó a Poletti de por vida, le dio treinta partidos de suspensión a Aguirre Suárez, más cinco años de inhabilitación para partidos internacionales. Manera recibió una pena de veinte partidos de suspensión más tres años de inhabilitación para lances internacionales.

Estas sanciones fueron levantadas un tiempo después. No así la pena de 30 días en prisión, que se cumplió en su totalidad. Bilardo, compañero de los detenidos en el campo de juego, declaró que ni bien se enteró de las detenciones se fue «volando» a Devoto y que luego fue a la prisión los 30 días para ver a sus amigos.

«Incluso intenté hablar con el señor Onganía, pero no me dejaron», dijo Bilardo en un documental llamado El fútbol es Historia.

Carlos Bilardo sería más tarde director técnico del mismo Estudiantes de La Plata, con el que fue campeón en 1982. Luego, como conductor de la Selección Nacional, alcanzó la Copa Mundial de México 1986.

Bilardo acuñó la frase que perdura hasta el día de hoy y que resumía también su filosofía futbolística y de vida. Como él mismo lo dijo varias veces: «En este país, no tenés alternativa: la gloria o Devoto».

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