La especialista en supervivencia oriunda de Concepción del Uruguay integró el elenco de la nueva temporada del programa de Discovery, que se desarrolla en el Sudeste Asiático. En una entrevista, detalló los desafíos enfrentados y las habilidades que aplicó.
La serie Supervivencia al Desnudo: Náufragos regresó a la pantalla de Discovery Channel y a la plataforma HBO Max con una nueva temporada en la que 12 especialistas son abandonados en mar abierto durante la noche en una zona del Sudeste Asiático. Entre los participantes se encuentra la argentina Ana Liss Pitter, nacida en Concepción del Uruguay, quien ya había completado un primer reto de 21 días en una edición anterior.
En una entrevista con el suplemento Weekend, Pitter relató que desconocía el destino hasta el momento del viaje y que llevó consigo herramientas de supervivencia adquiridas durante su infancia, como un machete y un arco con flechas. “Lo que más llevé fueron mis habilidades y, por supuesto, la fortaleza mental. Eso es fundamental: en la supervivencia es un 80 % mental y un 20 % habilidad”, afirmó.
Respecto del inicio de la experiencia, Pitter describió: “Todo empezó con shock. Estábamos supuestamente yendo al lugar en una lancha y de repente lanzaron una bengala en la noche. Esperaba bajar al amanecer, probablemente caminar muchos kilómetros descalza -para lo cual me había entrenado-, y sin embargo estuve como 4 o 5 horas adentro del agua”.
La convivencia con sus compañeros, dos estadounidenses, presentó dificultades adicionales. “Aprendí a manejar las diferencias culturales con mis dos compañeros de ruta. No fue fácil compartir la experiencia con personas del otro lado del planeta que se conocían entre sí y hablaban el mismo idioma”, sostuvo.
Consultada sobre la fauna del lugar, Pitter mencionó: “La serpiente que cacé y comimos era venenosa. En el momento no lo pensé: vi comida y ataqué. Después, analizándole la cabeza, las pupilas y la dentadura, pude confirmar que era claramente venenosa. También estuvimos expuestos a medusas y a muchos ciempiés de Filipinas, que son altamente tóxicos, además de ver tiburones en repetidas ocasiones”.
La experiencia también modificó sus sentidos. “Resurgieron instintos primitivos. Por ejemplo, el olfato: podía oler el repelente de la gente de producción a 200 metros. Con la lengua pasa lo mismo, se vuelve virgen y a un fruto silvestre le sentís un sabor tremendo. Y el ciclo del sueño cambia por completo: sin luz artificial, te dormís a las 7 de la tarde y te despertás a las 6 de la mañana”, detalló.
Sobre el regreso a la rutina, Pitter reflexionó: “Salir de ahí es un antes y un después: ves milagros por todas partes. Abrir la canilla y que salga agua es un milagro, y una bendición tan grande, al igual que tener jabón o bañarme con agua caliente”.
En su vida diaria, Pitter se desempeña como dermocosmiatra y tiene un centro de remoción de tatuajes. Realiza micropigmentación estética y paramédica oncológica, ayudando a mujeres a recuperar sus aréolas, pezones y cejas después del cáncer de mama. “Es una tarea que me llena mucho”, expresó.
Al pisar suelo argentino, lo primero que buscó fue abrazar a sus tres hijos y tomar mate. “Cometí el error de no llevarme el equipo de mate a Filipinas pensando que no tendría tiempo, y estando en la isla tenía una ansiedad enorme por tomarme uno”, concluyó.
