Juan es argentino y Emma suiza. Se conocieron en el hall de arribos de Ezeiza en 1989 y, tras tres años sin verse, se reencontraron en el mismo lugar en 1993.
Juan es argentino y Emma es suiza. Ambos responden que se conocieron en Ezeiza. El primer encuentro ocurrió en 1989, en el hall de arribos internacionales de la antigua terminal de Ezeiza.
Juan, de pelo medio largo y cerca de los cuarenta años, esperaba a sus padres que regresaban de Suiza junto a su hermano. Emma, de 26 años, sostenía un cartel con el logo de una empresa suiza para recibir a clientes del vuelo de Swissair.
Juan se acercó y la saludó con la palabra «Grüezi». Emma le respondió con amabilidad. Él le dijo que era su único conocimiento del idioma suizo y ella que apenas manejaba el español. Conversaron en inglés hasta que los padres de Juan llegaron. Él le dejó su tarjeta personal y se despidió. Emma tiró la tarjeta en un tacho de basura.
Tres semanas después, Emma regresaba a su hotel y el recepcionista le informó que tenía una llamada en espera. Era Juan, que había recordado el nombre del hotel donde se alojaban los turistas suizos. Charlaron más de una hora y acordaron tomar un café al día siguiente en La Biela. Él le contó que estaba divorciado y tenía cuatro hijos. Emma decidió no volver a verlo.
Las llamadas telefónicas continuaron. Cuando ella volvió a Buenos Aires se vieron dos veces más y planificaron pasar juntos el año nuevo, pero el plan no se concretó. No volvieron a cruzarse durante dos años.
Emma asistió a una reunión anual en la oficina central de su empresa. Una secretaria le avisó que tenía una llamada de larga distancia desde Sudamérica. Era Juan, que había llamado a la casa central para reconectar. Acordaron hablar esa noche y él la llamó desde un locutorio.
Juan le dijo que pensaba mucho en ella, que quería verla y que estaba dispuesto a viajar. Emma aceptó reencontrarse después de cumplir compromisos laborales. Sacó un vuelo a Buenos Aires.
En el verano de 1993, más de tres años después del primer encuentro, volvieron a abrazarse en el mismo hall de arribos de Ezeiza. Desde entonces no se separaron.
