El consumo de carne vacuna en Argentina tocó su piso histórico. Cada argentino come apenas 47,3 kilos al año, el nivel más bajo de las últimas dos décadas.
Los datos de la Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA) marcan una caída interanual del 2,5%. Se trata de una reducción de 1,2 kilos por persona en el promedio móvil de los últimos doce meses.
La distancia con el pico de 2008 es enorme. Aquel año, el consumo alcanzó los 68,4 kilos anuales por habitante. Hoy se consume 21 kilos menos que hace 17 años.
En términos totales, el mercado argentino retrocedió con fuerza. Entre enero y febrero de 2025, el consumo aparente de carne vacuna cayó 13,8% respecto al mismo bimestre de 2024.
El volumen estimado llegó a 332,7 mil toneladas res con hueso. Esto implica una disminución de 53,2 mil toneladas en valores absolutos, una contracción que refleja menor producción y precios en alza sostenida.
La ecuación es simple: hay menos carne disponible y lo que llega al mostrador cuesta cada vez más caro.
La producción se derrumbó y arrastró al consumo
Durante los primeros dos meses del año, la producción de carne vacuna cayó 9,1% interanual. La contracción significó 45,5 mil toneladas menos en faena.
Esta menor oferta se trasladó directamente al mercado interno. Menos carne en las góndolas significó aumentos generalizados en todos los cortes.
La combinación de factores climáticos y decisiones productivas explica buena parte del fenómeno. Pero el impacto en el bolsillo del consumidor es inmediato y contundente.
Cuánto subieron los precios de la carne en febrero
En febrero, los precios de la carne registraron un incremento mensual del 7,0%. Los cortes vacunos lideraron la suba con un promedio del 7,4%.
La paleta mostró un aumento del 8,1%. El cuadril y la nalga registraron incrementos cercanos al 8%. La carne picada común subió 7,1% y el asado, el corte más consumido, aumentó 5,7%.
Los valores finales en las carnicerías quedaron así: el kilo de asado se ubicó en torno a los $16.852. El cuadril alcanzó los $19.792 y la nalga los $20.527.
La paleta se comercializó a $15.817 por kilo. La carne picada común, la opción más económica, llegó a $9.521.
Otros productos derivados también sintieron el impacto. La caja de hamburguesas congeladas subió 7,4% mensual, con un precio de $6.854 por cuatro unidades.
El pollo entero aumentó 10,2% en febrero, con un valor promedio de $4.489 por kilo. Las alternativas más baratas tampoco escaparon a la tendencia alcista.
El asado subió 67% en un año y duplicó la inflación
En la comparación interanual, el rubro carnes y derivados lideró los aumentos dentro del segmento de alimentos. La suba fue del 54,1%, muy por encima del promedio general.
Los cortes vacunos mostraron un incremento promedio del 63,6%. La inflación general del período se ubicó en 33,1%, menos de la mitad.
El asado encabezó las subas con un aumento del 67,6% en los últimos doce meses, consolidándose como el corte que más encareció en términos relativos.
Le siguieron el cuadril (65,9%), la paleta (65,7%), la nalga (62,1%) y la carne picada común (56,6%). Todos los cortes relevados superaron ampliamente la inflación.
La caja de hamburguesas congeladas registró un incremento del 55,3% anual. El pollo entero acumuló una suba del 45%, la menor dentro del rubro proteínas.
Desde CICCRA señalaron que este comportamiento responde a una recomposición de los precios relativos del ganado en pie. La restricción de oferta está vinculada a factores climáticos que afectaron la producción en años anteriores.
Qué pasó con la sequía y por qué sigue impactando hoy
La dinámica actual del mercado de carne vacuna está directamente asociada a la sequía registrada entre 2022 y 2023. Ese período marcó un punto de inflexión para el sector ganadero.
La falta de pasturas obligó a los productores a liquidar hacienda de manera masiva. Esa sobreoferta momentánea contuvo los precios en el corto plazo, pero el costo vino después.
La reducción del stock ganadero derivó en una menor disponibilidad de animales, lo que impacta directamente en la oferta actual. La ecuación se invirtió: menos vacas significa menos carne.
Con la mejora de las condiciones climáticas, los productores iniciaron un proceso de retención de hacienda para recomponer el rodeo. Pero ese proceso lleva tiempo y limita la cantidad de carne disponible en el mercado.
Especialistas del sector señalan que el ciclo ganadero tiene plazos prolongados y que la recuperación del stock podría demorar entre dos y tres años.
Durante ese período, la oferta se mantendría condicionada por la necesidad de recomposición productiva. El mercado interno seguirá sintiendo el impacto de esa restricción.
Los argentinos cambiaron la carne vacuna por pollo y cerdo
Ante el incremento de los precios de la carne vacuna, los argentinos modificaron sus hábitos de consumo. Otras proteínas ganaron participación en la dieta cotidiana.
El pollo, que mostró aumentos menores en términos interanuales, alcanzó un consumo cercano a los 47,7 kilos por habitante. Está a punto de alcanzar los niveles de la carne vacuna.
El cerdo llegó a 18,9 kilos anuales, impulsado por una mayor producción y disponibilidad. La carne porcina viene ganando terreno desde hace varios años.
A nivel general, el consumo total de carnes —incluyendo vacuna, aviar y porcina— se ubicó en 116,5 kilos por habitante en 2025. Pero la composición de esa canasta presenta variaciones respecto de años anteriores.
La carne vacuna tiene una menor participación relativa en el total. Los datos reflejan una reconfiguración en el consumo de proteínas en el país.
El escenario está marcado por variaciones en la oferta, cambios en los precios relativos y condiciones productivas que afectan al sector ganadero. La carne vacuna dejó de ser la proteína dominante en la mesa argentina.
