Sacar lecciones de aquella derrota, prepararnos para vencer

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Al cumplirse medio siglo del Golpe del 24 de marzo del 1976, es importante recordar que el terrorismo de Estado empezó mucho antes. La fecha es, sin dudas, muy importante y emblemática para la lucha por Memoria, Verdad y Justicia. Pero el genocidio no arrancó el día en el que la Junta Militar derrocó al gobierno de Isabel Perón.

Cuando decimos que fue un genocidio, tenemos que reafirmar que fue un genocidio de clase, perpetrado para liquidar a toda una vanguardia de lucha obrera, estudiantil y barrial, con una juventud que fue protagonista central de una situación revolucionaria abierta con el Cordobazo en 1969 y que la burguesía (el empresariado del campo, la industria y la banca) no logró sofocar con el retorno de Juan Domingo Perón en 1973, ni con la creación de la Triple A ni con el Operativo Independencia de 1975.

La Triple A fue creada bajo el gobierno de Perón y potenciada cuando Isabel y José López Rega quedaron a cargo del Poder Ejecutivo. Impusieron el estado de sitio y la represión fue brutal. Entre 1.500 y 2.000 personas fueron asesinadas por las bandas parapoliciales.

La burocracia sindical de la CGT y de varios sindicatos fue cómplice de esa represión. No sólo por delatar y entregar las listas de los activistas a los milicos. Muchos de sus dirigentes integraron los grupos fachos antes del golpe.

En ese contexto llegó el 24 de marzo y el pleno despliegue del Terrorismo de Estado. ¿Qué significaba eso? Atemorizar a las masas, a toda la población, para que nadie resistiera ni se animara de ahí en más a repetir lo que había hecho por nuestra generación entre finales de los 60 y la primera mitad de los 70.

El Golpe fue cívico, militar y eclesiástico. El gran empresariado, con sus máximos exponentes de la Sociedad Rural y la Unión Industrial Argentina (UIA) , fue el verdadero mandante del genocidio. Y la cúpula de la Iglesia Católica fue colaboradora directa. La clase capitalista aplicó un plan de exterminio a la vanguardia y de extensión del terror a las masas obreras y populares del país.

José Alfredo Martínez de Hoz ministro de Economía de Jorge Rafael Videla | Símbolo de la alianza entre el empresariado nacional y los ejcutores prácticos de la dictadura | Foto Clarín

Ejemplos sobran. Alcanza con decir que desaparecieron más de sesenta trabajadores de las empresas del Grupo Techint manejado por la familia Rocca. Otro tanto ocurrió en Ledesma , el gigante azucarero, de alcohol y papel de Jujuy manejado por Carlos Pedro Blaquier. Y también en Fate , donde la familia de Javier Madanes Quintanilla carga con una decena de trabajadores desaparecidos. Fue genocidio y fue de clase.

Nuestra generación fue derrotada. Pero no por falta de decisión y voluntad. Fuimos derrotados porque nos faltó una estrategia para vencer o, mejor dicho, las estrategias de la mayoría de las organizaciones que actuaron en ese período eran equivocadas.

Nos faltó una estrategia realmente revolucionaria que llevara a que los Cordobazos y sucesivos “azos” que se dieron en esos años culminara en un Argentinazo que abriera paso a una insurrección obrera que tomara el poder e iniciara el camino hacia el socialismo.

La lucha por el juicio y castigo a los genocidas que encabezaron las Madres de Plaza de Mayo, la lucha contra la impunidad que es ejemplo a nivel mundial, es producto de la valentía y persistencia de todos los que enfrentamos los intentos de amnistía a los genocidas que varias veces reaparecieron en nuestra historia “democrática”. Eso se siente cada nuevo 24 de marzo. La marcha multitudinaria y espontánea de 2018 que derrotó el fallo de la Corte Suprema que beneficiaba con el “2×1” a los represores es, quizá, la imagen más contundente del repudio masivo a la impunidad.

Al cumplirse 50 años de aquel 24 de marzo, hay superar a las distintas variantes capitalistas y reformistas, como el peronismo, y construir un nuevo y gran partido de la clase obrera, independiente de toda expresión patronal, en perspectiva revolucionaria. Un partido que luche para imponer un gobierno de los trabajadores.

Para eso, es necesario que las nuevas generaciones aprendan de los errores del pasado, para superarlos. No está escrito en ningún lado que no se puede triunfar. Desde el PTS y el Frente de Izquierda convocamos a avanzar en la construcción de esa herramienta, indispensable para triunfar. Conquistarlo será el mejor homenaje que podremos hacerles a nuestras 30 mil compañeras y compañeros desaparecidos.

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