El sector comercial de Corrientes atraviesa una caída sostenida en las ventas minoristas, atribuida a los altos costos de financiamiento y los límites reducidos de crédito, según referentes del rubro.
El sector comercial de Corrientes enfrenta meses críticos con una caída sostenida en las ventas, un fenómeno que afecta a todos los rubros pero con distinta intensidad según la actividad. El problema no reside únicamente en la falta de demanda directa, sino en un complejo entramado financiero que incluye altos costos de financiamiento y límites de crédito reducidos.
En diálogo con EL LIBERTADOR, Enrique Collantes, referente del sector comercial, explicó que la tarjeta de crédito es una herramienta global de la que no se puede prescindir, pero cuya implementación local enfrenta obstáculos severos. «Lo que tiene que bajar son los impuestos que cobra», detalló y agregó que «si bajaran dos o tres puntos, para que la gente pueda comprar y no cobrar lo que cobran cuando se atrasan».
Collantes marcó un contraste con programas previos como el antiguo «Ahora 12», que permitía financiar compras con intereses mucho más accesibles. En el escenario actual, realizar una compra en 12 cuotas supone enfrentar un costo financiero que muchos consumidores no están dispuestos a asumir, lo que termina por enfriar el consumo minorista. A su vez, afirmó que «los bancos tienen que bajar el costo de la tarjeta para que la gente pueda seguir trabajando, para que sigan más movimientos y más compras».
En cuanto al cambio en la conducta del comprador, Collantes señaló que, ante la inestabilidad económica y la falta de liquidez, surgió la tendencia de compra de alimentos en cuotas. «Tenés supermercados que te dan sábado y domingo tres cuotas, y vos ves cómo llena el carrito la gente», enfatizó. El referente comercial sostuvo que, si los bancos bajaran el costo operativo de las tarjetas, no solo se incrementaría el movimiento comercial, sino que se facilitaría la transición de los consumidores hacia pagos únicos o planes de financiamiento menos asfixiantes. «Si la tarjeta tuviera menos interés de cobrar, se movería mucho más la gente», concluyó.
