Breard propone un Protocolo Regional de Inteligencia Artificial y Soberanía Digital en el Mercosur

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El senador provincial de la UCR, Noel Eugenio Breard, publicó un análisis sobre inteligencia artificial en el que sostiene que la regulación no es suficiente y plantea avanzar hacia la integración regional para construir soberanía tecnológica.

El senador provincial de la UCR, Noel Eugenio Breard, publicó un análisis sobre inteligencia artificial en el que afirma que la discusión ya no puede ordenarse entre izquierda y derecha, estatistas y liberales, porque las principales potencias comprendieron que cuando una tecnología afecta la seguridad nacional, la economía, la información, el empleo, la salud y la autonomía de las personas, poner reglas no es una posición ideológica sino un ejercicio de soberanía.

Breard sostiene que la humanidad ya recorrió caminos parecidos y menciona que nadie propone que una central nuclear funcione sin controles, ningún laboratorio lanza un medicamento al mercado solamente porque asegura que funciona, y la aviación opera bajo protocolos estrictos porque hay errores que no admiten corrección. «No encuentro la razón por la cual deberíamos aplicar un principio distinto a la inteligencia artificial», escribió.

El legislador plantea una regla: a mayor capacidad de producir daño, mayores exigencias de seguridad, transparencia y responsabilidad. Señala que una aplicación que recomienda una película no puede recibir el mismo tratamiento que un sistema capaz de intervenir sobre infraestructura crítica, diseñar moléculas o adoptar decisiones autónomas. Menciona riesgos inmediatos como ciberataques, manipulación informativa, uso de datos personales, biotecnología y concentración extraordinaria de información y de decisión.

Para los países vulnerables, Breard indica que el desafío es doble: decidir cómo regular la inteligencia artificial y preguntarse quién controla los datos, los algoritmos, la nube, los centros de datos, los chips, la capacidad de cómputo y el conocimiento sobre los cuales funcionará una parte creciente de la economía. Afirma que esa segunda pregunta suele quedar afuera del debate público y es la que define el resultado.

El senador describe que Estados Unidos, más allá de la ideología del gobierno de turno, considera su liderazgo tecnológico como poder estratégico, y que su federalismo demuestra que mercado y regulación no son incompatibles. Sobre China, señala que construyó tempranamente capacidad propia, infraestructura, plataformas y empresas bajo un modelo de fuerte conducción estatal, que no es trasladable a la tradición democrática argentina pero revela que la autonomía tecnológica forma parte de la soberanía nacional. Respecto de Europa, sostiene que primero construyó regulación y protección de derechos, y después comprendió que eso tampoco alcanzaba, ya que se puede regular una tecnología y seguir dependiendo de la tecnología de otros. Menciona que la Unión Europea reúne veintisiete Estados y entendió que la integración puede fortalecer las soberanías nacionales mediante una escala que ninguno de sus miembros alcanzaría por separado.

Breard califica como «infantilismo político» imaginar que la Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay o cualquier otro país latinoamericano podrá enfrentar individualmente la dimensión tecnológica del siglo XXI, y afirma que ni siquiera Brasil, por su tamaño, escapa a ese límite frente a empresas cuyo valor económico compite con el de muchos Estados. De ahí desprende que la inteligencia artificial debe convertirse en una política de integración regional.

El legislador menciona como antecedente el proceso iniciado por Raúl Alfonsín y José Sarney en 1985, cuando la Argentina y Brasil decidieron transformar una historia de desconfianzas en cooperación progresiva, con protocolos que avanzaron sobre cuestiones económicas e industriales, ciencia, tecnología y cooperación nuclear. Sostiene que aquella construcción gradual terminó siendo uno de los pilares políticos que hicieron posible el Mercosur, y que el método sigue siendo válido.

Breard propone que el Mercosur avance hacia un Protocolo Regional de Inteligencia Artificial y Soberanía Digital, no para levantar una muralla tecnológica ni para copiar mecánicamente a Estados Unidos, China o Europa, sino para generar capacidades propias y negociar desde una posición más firme. Plantea una primera etapa que integre investigación científica, formación de recursos humanos, infraestructura regional de cómputo, ciberseguridad, estándares comunes para sistemas de alto riesgo y proyectos conjuntos entre universidades, Estados y empresas. También menciona determinar qué datos se consideran estratégicos, qué infraestructura crítica no puede depender enteramente de decisiones tomadas fuera de la región, y en qué sectores (salud, energía, defensa, agroindustria, educación) la inteligencia artificial puede transformarse en una política de desarrollo. Una segunda etapa debería ampliar la cooperación hacia el resto de América Latina y establecer alianzas con otros bloques, porque habla de integración abierta y no de aislamiento.

El senador cita una idea de Aldo Ferrer, quien sostenía que cada uno tiene la globalización que se merece, porque la globalización no determina mecánicamente el destino de los países y lo que importa es la capacidad de respuesta que cada sociedad construye frente a ella. Añade que Ferrer advertía sobre la existencia de países globalizantes y países globalizados, relación entre centro y periferia que no desapareció sino que cambió de instrumentos: durante buena parte del siglo XX la dependencia se medía en capital, manufacturas, energía y financiamiento, y en el siglo XXI se mide además en datos, algoritmos, chips, plataformas y capacidad de cómputo.

Breard afirma que no ve contradicción entre integración y soberanía, y que en ciertas áreas ocurre lo contrario, ya que una integración inteligente puede multiplicar soberanía. Sostiene que la Argentina necesita inversión, innovación y vínculo con las empresas tecnológicas más avanzadas del mundo, aunque inserción internacional no significa subordinación tecnológica. Propone una hoja de ruta con tres movimientos simultáneos: regular según el riesgo, construir capacidades propias e integrarlas regionalmente para alcanzar escala.

El legislador concluye que durante dos siglos se discutió quién controlaba el territorio, los minerales, el petróleo, el agua y las rutas comerciales, y que el siglo XXI incorporó otros recursos estratégicos. Pregunta quién controla los datos, los algoritmos y las máquinas que participan cada vez más en las decisiones. Sostiene que para América Latina esa respuesta difícilmente pueda construirse en soledad, y que la soberanía digital, como todas las soberanías reales, no se declara: se construye de a poco, con cooperación, con escala y con la paciencia de quienes saben que las cosas importantes llevan tiempo.

*Senador Provincial UCR.

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