Monseñor José Adolfo Larregain encabezó la largada de la tradicional caminata de fe hacia la Basílica de Itatí. Ante miles de jóvenes, el prelado pronunció un mensaje centrado en la renovación interior y el compromiso social.
El inicio de una nueva peregrinación juvenil hacia la Basílica de Itatí convocó a miles de personas el sábado, en una jornada marcada por la lluvia. Durante la largada, monseñor José Adolfo Larregain pronunció un discurso ante los caminantes que se preparaban para recorrer más de 70 kilómetros hasta el santuario.
«Madre de Itatí, hoy nos ponemos en camino hacia tu casa, venimos con nuestras historias, plegarias y preocupaciones», expresó el prelado. En su alocución, pidió a la Virgen que enseñe a los fieles a «sanar las heridas que llevamos dentro» y a dejar atrás «todo aquel peso y división que impida vivir con verdadera libertad».
Larregain dirigió parte de su mensaje a las nuevas generaciones. Sostuvo la necesidad de proyectar un futuro y rogó ayuda divina para «no conformarnos con una vida sin horizonte». «Que ningún joven pierda la capacidad de esperar, de imaginar un mundo más humano y de comprometerse para construirlo», afirmó.
El prelado indicó que la travesía física debe estar acompañada por una vocación de ayuda. Instó a los jóvenes a no llegar al santuario únicamente con peticiones individuales, sino a sumar acciones de gracias y ofrecer la propia vida al servicio de los demás. El desafío planteado, dijo, es volverse «sensibles a quien necesita una mano, una palabra, un escucho, una oportunidad, una presencia que acompañe».
Antes de impartir la bendición final en nombre de la Santísima Trinidad, Larregain rogó por la fortaleza y la perseverancia de los caminantes ante el cansancio y las dificultades de la ruta. El objetivo de la movilización, según el mensaje, es que al regresar de Itatí los peregrinos vuelvan con el corazón renovado y los sueños despiertos. La frase de cierre fue: salir «a sanar, a soñar y a servir».
