Un canal de WhatsApp vinculado a una institución educativa de la Capital correntina superaba los 330 seguidores y ofrecía pagos de entre 5.000 y 8.000 pesos por videos de peleas entre estudiantes, según información difundida sobre el caso.
La aparición de canales anónimos en redes sociales y plataformas de mensajería utilizados para exponer, hostigar y difundir imágenes de estudiantes es objeto de atención entre familias y tutores de comunidades educativas de Corrientes.
Un canal de WhatsApp denominado «Quemados M…», vinculado a una institución educativa de la Capital correntina, superaba los 330 seguidores y se presentaba como un espacio para recibir de manera anónima fotografías y contenidos destinados a exponer o burlarse de estudiantes.
Según lo advertido por tutores, en el canal se difundían fotografías editadas, mensajes ofensivos y otro tipo de contenidos destinados a ridiculizar a compañeros de la institución. La modalidad combina el anonimato de las publicaciones con una amplia circulación dentro de comunidades integradas principalmente por jóvenes.
De acuerdo con la información difundida sobre el caso, los administradores ofrecían entre 5.000 y 8.000 pesos por videos de enfrentamientos ocurridos entre estudiantes, con montos que variarían según el nivel de violencia de las imágenes.
La dinámica modifica el sentido de las agresiones: una pelea deja de ser solamente un episodio de violencia entre estudiantes y pasa a convertirse también en contenido para ser grabado, compartido y consumido por terceros, con un incentivo económico de por medio.
Cuando se convierte en espectáculo
El caso vuelve a poner bajo la lupa una práctica que excede al tradicional conflicto escolar. El uso de canales de difusión, grupos y redes sociales permite que fotografías, videos, burlas y mensajes puedan circular rápidamente entre estudiantes, ampliar la exposición de quienes aparecen involucrados y prolongar el episodio incluso después de ocurrido dentro o fuera de la escuela.
La preocupación de las familias se concentra también en el anonimato de estos espacios. Quienes administran o participan pueden publicar material sin identificarse, mientras que el contenido puede alcanzar a cientos de personas en pocos minutos.
En Corrientes, el caso del canal vinculado a la institución educativa vuelve a instalar la preocupación de padres y tutores frente a la utilización de las redes sociales como espacio para reproducir situaciones de hostigamiento que antes podían quedar limitadas al ámbito escolar.
El caso vuelve así a poner el foco sobre una modalidad de violencia que no necesariamente comienza ni termina dentro del aula. La escuela puede ser el escenario del conflicto, pero las redes permiten que el escrache, la burla y las imágenes de una agresión continúen circulando mucho después.
Dinero y recompensa a cambio del contenido
La circulación de imágenes violentas, las burlas y la exposición pública pueden convertir un conflicto entre compañeros en un episodio con una audiencia mucho mayor. Cuando además aparece el dinero como incentivo para registrar una pelea, la preocupación se profundiza por el riesgo de que la propia violencia sea utilizada como contenido para conseguir reconocimiento o una recompensa. La situación plantea un desafío para las familias y las instituciones educativas: detectar estas prácticas antes de que se transformen en situaciones de mayor gravedad.
