El actor Jorge Suárez, de 63 años, contó detalles de su doble trasplante de riñón y páncreas, que le permitió dejar de ser insulinodependiente, y de los cuidados que incorporó tras un triple bypass en 2015.
El actor Jorge Suárez, de 63 años, relató en una entrevista los detalles de su doble trasplante de riñón y páncreas, que recibió el año pasado, y de los cuidados que incorporó tras un triple bypass en 2015. Suárez protagoniza la obra Visitando al Señor Green junto a Facundo Arana en Multiteatro.
Según sus declaraciones, el trasplante se concretó luego de que se descompensara en Madrid, durante un viaje por los 30 años de casado con Laura Singh. “No quería que mi esposa fuera en bote a verme al hospital”, afirmó. Ya en Buenos Aires, recibió diálisis durante seis meses hasta que le informaron que había un riñón disponible. “Una madrugada me llamaron y me dijeron que estaba primero en la lista. Que me preparara para hacer una diálisis de una hora y media o dos y que después me iban a hacer el último análisis de sangre para ver la compatibilidad. Si coincidía, entraba a quirófano y así fue. Entré a quirófano por unas 7 horas”, sostuvo. Estuvo internado casi un mes y luego continuó con internación domiciliaria.
Consultado sobre la razón del doble trasplante, explicó: “Porque yo era diabético. La insulina la fabrica el páncreas, un órgano muy pequeño, muy frágil, muy delicado y todavía no se hacen trasplantes de páncreas solo. Así que una felicidad enorme”.
Respecto de su alimentación actual, manifestó: “Durante dos meses reemplacé las tostadas por las medialunas. Puedo comer las que quiera porque no soy más diabético. No me aplico más insulina, no me dializo. Para mí es como un milagro, una bendición. Ahora ya como una vez cada tanto, pero el problema es que con los años en lugar de adelgazar, cuando dejás de comer la medialuna, no se mueve la balanza”.
Sobre la actividad física, indicó que no realiza entrenamiento debido a una claudicación que motivó tres bypass en 2015. “No es que puedo salir a caminar 10.000 pasos”, dijo. Explicó que la claudicación intermitente se produce “cuando tenés una arteria tapada en la pierna” y que en su caso se detectó tras una consulta cardiológica: “Fui al cardiólogo y me dijo: ‘Mirá, nadie se muere de esto, pero quiero ver si está en las coronarias’. Así fue que hicieron los análisis en Fleni y no me dejaron salir. Estuve cuatro días internado. Me operaron, me fui a mi casa y nunca más me enteré de nada”.
En cuanto al tabaquismo, afirmó que había dejado de fumar un año y medio antes de la operación, luego retomó y finalmente abandonó definitivamente: “No lo extraño nada. Lo rechazo completamente”.
También se refirió a los cambios en su alimentación: “Cambié completamente la alimentación. Antes de los bypass era un poco más cargada. Por ejemplo, una pasta era rellena o con una doble salsa: pesto y hongos con crema. Ahora como unos tallarines, poca cantidad, con aceite de oliva y queso. Actividad física no tanto, pero sí seguí haciendo teatro a full. Eso es muy saludable porque implica mucha exigencia física, corporal y mental”.
Suárez fue diagnosticado con diabetes a los 25 años. “Yo siento que fue como la primera prueba fuerte que tuve que atravesar de resiliencia, de tratar de ver cómo lo llevaba adelante. Porque tenía toda una vida, toda mi carrera”, expresó. Y agregó: “Lo que no sabía es que, después, a lo largo de los años iba a tener otras pruebas muy fuertes, muy importantes”.
Asimismo, contó que su esposa también es diabética insulinodependiente: “Cuando conocí a mi esposa supe que ella también era diabética insulinodependiente, como yo. Por eso hubo algo que nos unió aparte de la atracción y el amor. Nos acompañábamos mucho en el cuidado: ‘¿Te mediste? Fijate’. Así que fue y es hermoso, porque nos seguimos acompañando mucho”.
Sobre la planificación de la vejez, respondió: “Sí, pero no demasiado. Vamos viendo. Yo soy muy optimista, porque en realidad creo que en el fondo sé que la vida es muy dura, entonces hay que ponerle la mejor cara”. Y sobre cómo se imagina en 20 años: “Bueno, me veo con 83 (risas). Con mi mujer, porque sin ella me costaría un montón”.
En relación con sus hijos, Agustín de 34 años y Violeta de 25, afirmó tener una buena relación. Sobre el apoyo que le brindaron tras el trasplante, dijo: “Fundamental. Mi hijo no me dejaba parar sin permiso. Se ponía a trabajar con la computadora y si yo decía: ‘Bueno, me voy a levantar para ir al…’ él ya estaba al lado mío. Y ella, que es también muy cariñosa, me hacía todos los trámites que tenían que ver con Internet”. Y concluyó: “En principio dicho así es engorroso, pero cuando estás acompañado de amor, todo se torna posible y es muy emocionante. Cuando ya lo viviste, te ponés a pensar y decís: ‘Qué conmovedor’”.
Agradecemos a Malvón Buenos Aires.
