Una crónica sobre otra nueva batalla de la fábrica de la Zona Norte. Sus tradiciones, sus rebeliones contra la esclavitud y la necesidad de resistir duro pero también de organizar a la clase trabajadora para cambiar la historia.
Recién sale el sol. Desde el tanque de agua, Seba recorre el horizonte con la mirada. Hacia el Este, el ramal Tigre se llena de autos y camiones. Del otro lado, la Panamericana descarga batallones de obreros para meterlos en las fábricas que la bordean. Más lejos, una ilusión visual: parecen sierras, pero son las montañas de basura del CEAMSE. Se cuelga mirando los muros que separan un country del barrio obrero. Un bocinazo corta la inspiración. Es el saludo del motorman del Mitre de las 6 AM. Algunos pasajeros se prenden y levantan el puño, chiflan. Es el ritual de cada formación desde que esos hombres de azul habitan el tanque de agua de Fate. Levanta el puño y sonríe.
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Un símbolo de la Argentina capitalista
La planta de Fate en San Fernando, provincia de Buenos Aires, es gigante. Cuarenta hectáreas en un punto neurálgico del cordón industrial norte. Cerca de autopistas que la conectan con las automotrices, los grandes centros agroindustriales y las rutas del Mercosur. También con los puertos de exportación. Hacia allí va su producción.
Desde el techo recién se terminan de apreciar los tentáculos del monstruo. Los ingenieros Madanes Quintanilla organizaron Fate en tres miniplantas: Diagonal, Radial Camión y Radial Auto. Juntas suman una capacidad productiva de 5 millones de cubiertas anuales.
Junto a Pirelli y Bridgestone, hacen girar al 90 % de los vehículos que se fabrican en el país. Así se convirtieron en una pieza vital del complejo automotriz, el sector industrial con mayor peso en el capitalismo argentino y un engranaje del mercado global de las grandes marcas. La histórica huelga de 2022 confirmó ese poder: con las “neumatiqueras” paradas, las terminales tuvieron que empezar a frenar sus líneas.
De esos millones de cubiertas vendidas, sólo destina un 2% a salarios. Hace unos años los obreros calculaban que con lo que producían en un turno se pagaban el salario del mes.
Pero no fue solo ese trabajo robado el que infló la riqueza de los Madanes Quintanilla. Como esos parásitos que pueden crecer en los ambientes más disímiles, hicieron su primer gran negocio recibiendo Aluar (Aluminios Argentinos) de parte del dictador Lanusse, fueron amigos de José Gelbard (Perón), la dictadura militar estatizó 223 millones de dólares de su deuda privada, los gobiernos constitucionales le dieron reformas laborales, beneficios y le dejaron lavar guita en paraísos fiscales. Así llegó a juntar 1.500 millones de dólares.
En los últimos tiempos, el pobre Javier no pudo enriquecerse al ritmo que acostumbraba. No es que dejó de exprimir a sus obreros. La apertura económica y la recesión gobernadas por Milei lo metieron en un laberinto. Y el millonario decidió salir a los martillazos. “No se puede esperar más, hay que atacar para lograr competitividad” dijo en un programa de TV. Y atacó.
“En Fate la reforma siempre estuvo viva”
“Quedate tranquilo que vas a cobrar todo”, le dijo el encargado. Saúl Romero lo tenía decidido. “No, yo quiero mi puesto de trabajo”. Podría parecer una historia normal, si no fuera porque unos meses antes, la noche de un sábado de 2014, Saúl había perdido una parte del brazo izquierdo en la máquina que corta absorvedores. “Y logramos mi reincorporación, la primera de un accidentado grave”. El periodista que lo escucha no puede terminar de entender esa decisión. Para eso hay que correr el velo de esas historias que las grandes empresas siempre intentan ocultar.
La del neumático es una típica industria manufacturera. Viene del latín: manus significa mano, factus hacer. Todos los días, durante décadas, las-manos-hacen en Fate 10.000, 12.000 cubiertas, según el “clima de negocios”.
No hay super-robots ni máquinas con IA, aunque Madanes podría aggionarse un poco con los avances del sector. Esas miles de cubiertas consumen los nervios y los músculos de cientos de hombres. Los días y las noches. Los 365 días del año. Picadora de carne la llaman dentro de las oficinas de la Superintendencia de Riesgos de Trabajo. Tomaron la metáfora de los propios obreros.
“Llegamos a tener un turno completo fuera de la fábrica, roto. Más de 500 compañeros” cuentan. Lesiones, quebraduras, contaminación.
Hay muchos datos e historias, que hemos contado en La Izquierda Diario. Pero hay un hecho, muy actual, que ayuda a entender el drama. En Fate la reforma laboral no llegó con Milei. Existe hace décadas. El convenio de 1975 sufrió primero los golpes de la dictadura y después del menemismo. Lo explica Víctor Ottoboni, otro de los trabajadores en lucha: “tenemos un convenio general, pero muchas cuestiones importantes como el salario, sistemas de trabajo, metas de producción, dependen de cada fábrica”. Desde 1998 FATE fue introduciendo turnos continuos y el sistema “7×2” que liquida las horas extras “al 200 %” los fines de semanas. En 2001 incorpora el “trabajo en equipo”, la capacitación y la polivalencia. Durante toda la “década ganada” en los gobiernos kirchneristas, esos convenios fueron reafirmados una y otra vez. Por eso, a pesar de la dureza de la huelga de 2022, no pudo arrancarle al gobierno peronista la devolución de “las horas al 200 %”.
Detrás de esa pelea por salario había también una disputa por el tiempo. En medio de los piquetes, los obreros contaban que tenían un fin de semana libre con sus familias cada 30 o 40 días. Universidades y hospitales de Harvard, Boston y Madrid concluyeron que quienes trabajan por turnos y de noche pierden cinco años de vida por cada quince de actividad.
Los que luchan recuerdan a los que no están. “A veces uno se entera que al poco tiempo de jubilarse se mueren. ¿Cuánto pudieron disfrutar después de 35 años de fábrica? Por eso cada vez que nos enteramos nos juntamos en el centro de la planta y hacemos un minuto de silencio”.
Clase productora, clase luchadora
Desde el tanque, junto al alambrado, vienen otros recuerdos. Porque la historia de Fate no es solo la de esos cuerpos rotos. También es la historia de una rebeldía permanente contra la tradición esclavista de los “industriales nacionales”. Contra esas costumbres, entre las líneas y las calles, fabricó sus propias tradiciones.
En estos días se cumplen 50 años del último golpe de Estado. Si uno recorre los diarios de entonces, aparece el nombre de Fate en las crónicas de las huelgas generales de 1975, en las que cuentan los plenarios de la “Coordinadora Interfabril de Zona Norte” (junto a Ford, Astarsa, Terrabusi, Wobron, Ceramistas). También entre las protagonistas de las luchas contra el “Plan Mondelli”, en febrero y marzo de 1976.
En 1991 volvía a ser un caso testigo de la nueva época. Los obreros querían recuperar el salario perdido con la hiperinflación pero un Menem envalentonado había decretado los “salarios por productividad” (¿te suena?). Ese verano comienza una lucha que duraría 100 días. En las imágenes de la época se ven las ollas populares en las mismas calles que hoy está el acampe y una bandera: “Fate no es el paraíso”. Madanes lanzó un “lock-out” amenazando con el cierre definitivo (¿te suena?). Logra reabrirla con menos obreros y luchadores afuera.
En el 2007, el “viento de cola” amainaba y volvían los roces. Después de muchos años, el 8 de mayo de ese año la clase obrera volvía a copar la Panamericana, con una bandera que anunciaba el mismo grito de guerra: “Aumento de salarios, basta de esclavitud en Fate”.
Ottoboni se había mudado a la Zona Norte para conseguir laburo y ser parte de esa nueva generación obrera que empezaba a querer recuperar algo de lo perdido. Ya militaba en el PTS. Tiempo después es elegido delegado de Ingeniería como parte de ese activismo. “Para los compañeros éramos los que no tranzan, no se venden, van al frente. Nos relacionaban con Kraft, con MadyGraf y el sindicalismo de izquierda de la zona”.
En 2008 se recupera la seccional San Fernando y años después un frente de agrupaciones combativas (Negra, Roja, Granate) gana el gremio nacional, hoy conducido por la Negra. Pueden conocer mejor la historia leyendo acá y en los múltiples combates y debates que se dieron estos años. También nuestra cobertura del histórico conflicto de 2022.
Este repaso sirve quizás para entender que quienes hoy ocupan Fate son herederos de generaciones y generaciones que protagonizaron momentos históricos de nuestra clase. Walter Benjamin decía que en los “instantes de peligro”, esas historias, esas experiencias, irrumpen como un relámpago en la mente de quienes enfrentan la nueva batalla. Hay que aferrarse a esas tradiciones.
La nueva batalla
El lunes 18 de febrero, cuando regresaban de sus vacaciones, de descansar algo los músculos, de disfrutar las sonrisas de sus hijas y adueñarse un poco del tiempo, se toparon con un cartel en la puerta. “Fate anuncia el cese de sus actividades de Planta Victoria”. Faltaban horas para el paro general y el tratamiento de la reforma en Diputados.
Un grupo no dudó. Se abrió paso entre los alambres y corrió lo más rápido que pudo, evitando policías bonaerenses y guardias, hasta alcanzar el tanque y otros puntos de la planta. A las pocas horas los grandes medios de TV estaban ahí. Fate se había convertido otra vez en una noticia nacional. Las voces obreras se mezclan con las disputas de los de arriba. Madanes se suma a Paolo Rocca en el reclamo “proteccionista” y el presidente lo provoca llamándolo “Don Gomita Alumínica”. El millonario dice que prefiere ganar plata con la energía o el aluminio. Don Motosierra sigue subido al caballo a pesar de que la recesión se extiende en pasto seco. Juegan con fuego.
Alejandro Crespo, el secretario general del SUTNA dijo “no es joda, es una de las marcas más tradicionales de Argentina que viene hace 70 años formando un holding económico muy poderoso. Por eso estamos dentro de la planta manifestándonos y reclamando la apertura”.
Desde hace dos semanas Fate se ha convertido en el conflicto testigo. Se habla de él en los despachos de la Unión Industrial, de Casa Rosada, de la CGT. La imagen de los rebeldes del techo recorre el mundo.
“Acá no se rinde nadie”
–Papi te quiero mucho. Resistan que se puede. Que no saquen la fábrica. Hay que pelearla. Acá no se rinde nadie. Está toda tu familia con vos, te queremos un montón. Son luchadores muy fuertes y ellos pueden con todo. Que les devuelvan los puestos, esos empresarios viven de ellos.
Son las palabras de sus hijas y compañeras. Es el corazón de la familia obrera, conmovido por el golpe pero dispuesto a dar pelea.
Un grupo de pibes llega con sus camisetas de fútbol. Algunos llevan redoblantes. Adelante una bandera: “No al cierre de Fate. Clubes de barrio”. Las pibas y vecinas hacen más por Fate que la CGT.
Un vecino, albañil, trae hielo en su bici. Dice que no tiene mucho pero quiere apoyar. Una jubilada trae bolsas de bizcochos. Otros vecinos acompañan a las docentes del Suteba Tigre a hacer una caravana en el barrio. Desde el tanque los padres miran el corazón que le dibujan con sus manos las pibas. “Charly” Oroño se emociona en la tele y le habla con dulzura a su hijo.
Esos momentos resumen una idea: la resistencia obrera se nutrirá de la valentía de la acción directa, combativa, pero también de la ternura de aquellas personas a quienes soñamos dejarles otro futuro.
Una causa popular de la resistencia
“Que luchen, esto se está transformando en una causa popular”. Verónica es docente y parte de las mujeres que están bancando cada día en puerta.
Y tiene razón. Muchos empiezan a ver en Fate una pelea que tiene que ver con ellos. Los bocinazos en el corte de Autopista o el Obelisco muestran que algo empieza a cambiar. Si los empresarios cierran, la guita no alcanza, la CGT traiciona, esa gente plantea no agacha la cabeza.
En estas semanas hubo concentraciones, festivales, cortes, reuniones de solidaridad y caravanas con los vecinos. Para esta semana se preparan nuevas acciones. Desde la Agrupación Granate que es parte del Movimiento de Agrupaciones Clasistas plantean la importancia de fortalecer la toma con más trabajadores y junto a otras listas grabaron un video contra el engaño de las indemnizaciones: “se puede ganar”. Además proponen hacer una asamblea general del gremio para unir todas las peleas, porque en Bridgestone y Pirelli también vienen golpeando duro.
Uno de los temas en el techo y las reuniones es cómo enfrentar un intento de desalojo, que ya tienen orden de ejecución.
En una de las reuniones de solidaridad, Raúl Godoy recordó su experiencia en la resistencia contra el desalojo de Zanon, pero también la heroica lucha del Lisandro de la Torre. “Esas tradiciones no nacieron con nosotros. Aquella vez, cuando los obreros ocuparon el frigorífico y vino el desalojo, todo el barrio de Mataderos combatió junto a ellos. Hay que retomar las mejores tradiciones de nuestra clase”.
¿Quién puede defender la “industria nacional”?
Mientras cerrábamos esta nota, Víctor era detenido por una patota de la Policía de la Ciudad. Junto a docentes, enfermeras, estudiantes y militantes de izquierda, habían copado el Obelisco y obligado a los grandes medios a transmitir durante una hora un claro mensaje: a la reforma laboral la vamos a resistir y al cierre de Fate también.
Un día después era liberado. Estaba acompañado por sus compañeros de la lista Granate pero también de las otras: la Roja, la Naranja y la Negra. En el acampe lo recibieron sus compañeros. Lejos de quebrarlo, el atropello policial hizo lo mismo que el de Madanes. Más ganas de pelear. Sabe que no es “su” fábrica, ni “su” conflicto. Está en juego una pelea de fondo sobre cuál es la salida para la decadencia de la Argentina capitalista en un mundo convulsionado.
Milei esconde tras sus triunfos legislativos la crisis de la economía y el malestar de una oposición social que aumenta. Aunque su plan saliera bien, dejaría “afuera” a millones. Más pobres y precarizados.
El peronismo denuncia el “industricidio” desde el palacio del Congreso y el atril de la CGT, pero deja pasar ese crimen social embarrado de traiciones y una crisis histórica que no puede superar.
Pero, ¿por qué deberíamos sentir nostalgia de un proyecto que fracasó y abrió paso a la derecha? ¿Por qué rescatar un proyecto que, cuando funcionó, permitió que los Madanes “la levantaran en pala” en base a la superexplotación, los beneficios estatales y precios desorbitantes?
La izquierda revolucionaria tiene otra salida. La única clase que puede “defender la industria nacional” es la clase trabajadora. La que hace funcionar el país y la que puede paralizarlo para encabezar una lucha que ponga todo ese trabajo colectivo, esas fuerzas productivas y avances tecnológicos, al servicio de las grandes mayorías y no de la fortuna de un puñado de parásitos.
Desde el PTS en el Frente de Izquierda venimos peleando en ese camino. Con una campaña contra la reforma esclavista que llegó a millones. Con el impulso de la coordinación de los sectores en lucha y la unidad de todos los que quieran enfrentar a ajustadores y traidores. Con la apuesta a la combatividad para enfrentar la prepotencia de las Bullrich y los Madanes. Con la organización de agrupaciones clasistas para recuperar los sindicatos. Pero también explicando, al calor de estas batallas, que tenemos que pelear por convencer a cientos de miles de que hay que cambiar la historia.
Porque los 80 años de Fate demuestran que los trabajadores podemos resistir, pelear, volver a luchar, pero no alcanza. Las cadenas siguen ahí. Tarde o temprano vendrán enfrentamientos decisivos y la clase trabajadora tiene que poner en pie sus propios organismos democráticos de lucha, como fueron aquellas coordinadoras setentistas y otras gestas históricas. Pero también su propia herramienta política, un gran partido de trabajadores y trabajadoras, que luche hasta terminar con la esclavitud asalariada que defienden todos los que nos han gobernado.
Desde el tanque se pueden ver los saludos de amor y el acecho de los enemigos. Pero también se puede levantar la vista y pensar en el nuevo horizonte de quienes queremos cambiar la historia.
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Lucho Aguilar
@Lucho_Aguilar2
Nacido en Entre Ríos en 1975. Es periodista. Miembro del Partido de los Trabajadores Socialistas desde 2001. Editor general de la sección Mundo Obrero de La Izquierda Diario.
